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Archivos • 26 de mayo de 2017
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Enfrentarse a Sí Mismo: La Prueba Definitiva

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Enfrentarse a Sí Mismo: La Prueba Definitiva

Tom Muzila • Shotokan Karate of America (SKA)

Enfrentarse a sí mismo: la prueba definitiva

Tom Muzila entrenó con Tsutomu Ohshima en Shotokan Karate of America (SKA), donde tenía el grado de yodan, 4.º dan, cuando se escribió este perfil. A comienzos de los años ochenta, Jim Nail escribió sobre él para la revista Black Belt. Esta página resume ese artículo. Las experiencias y las palabras son de Muzila, según las recogió Nail; el resumen es nuestro.

Una cornisa en el monte Whitney

El artículo empieza con una historia de montaña. Un día de noviembre, despejado y templado, Muzila intentó batir el récord de ascenso al monte Whitney, el pico más alto de Estados Unidos continental fuera de Alaska, con zapatillas de trote y buzo. Le quedaban un par de miles de pies cuando se puso el sol, la nieve derretida se congeló y tuvo que dar la vuelta.

En la bajada llegó a un tramo de cornisa, de unos 12 pies, convertido en hielo puro. La única forma de cruzar era saltar hacia una roca afilada que asomaba del hielo a unos siete pies. Si fallaba, o si la roca se rompía, caería. Saltó y lo logró. Al recordarlo, le dijo a Nail:

"Fue un momento en que realmente tuve que enfrentarme a mí mismo, soltar todos mis bloqueos mentales e inseguridades, incluso el miedo a la muerte, y simplemente actuar."

Los límites que nos ponemos

La idea central de Muzila es que la mayoría de los límites nos los imponemos nosotros. Frente a un peligro real, dice, desaparecen las distracciones y los pensamientos mezquinos. Si se hubiera puesto a pensar "¿y si la roca se rompe?", no lo habría conseguido. En sus palabras, la gente "se pone sus propios límites".

Más allá del número mil

Como muchas organizaciones de karate, SKA usaba el número mil: en el entrenamiento especial se hacían mil repeticiones de cada técnica básica. A Muzila le pareció que se estaban apegando demasiado a esa cifra, así que eligió diez mil, un número que se sentía como "para siempre". Cuando eso también empezó a parecer finito, pasó a cincuenta mil, y luego a una práctica normal sostenida sin parar durante 24 horas.

El sentido de estas prácticas, insiste el artículo, era la concentración, no la resistencia. Muzila advierte que el combate no se parece a una maratón. "En las artes marciales no hay tiempo", dice; todo puede terminar en una fracción de segundo. Hacer miles de técnicas en una especie de trance no tendría sentido. Cada repetición tiene que ser real.

Lo que enseña el agotamiento

Describe algo que reconocerá cualquiera que haya hecho entrenamientos largos. Al principio pones todo en cada técnica y desperdicias mucha fuerza. A medida que te cansas, tienes que obligarte a cada repetición y el movimiento se vuelve más económico. Todo el tiempo, el verdadero adversario es esa voz interior que pone excusas y trata de convencerte de abandonar mucho antes de estar realmente vencido.

Dos espadas

El artículo enmarca todo esto con un viejo dicho samurái que cita Muzila:

"Un samurái lleva dos espadas. Una para cortar al enemigo y, más importante aún, otra para cortarse a sí mismo."

Resume bien lo que buscaba. El adversario más difícil, en el dojo o en una cornisa helada, es uno mismo.

Una nota para el lector: las escaladas de Muzila y sus prácticas de 24 horas eran extremas, y las hizo después de años de entrenamiento. No son una invitación a intentar algo parecido sin preparación ni supervisión adecuadas.

Fuentes

  • Jim Nail, perfil de Tom Muzila, revista Black Belt, número de agosto de 1983. Las citas son traducciones propias de las palabras de Muzila tal como aparecen en el artículo.