Archivos Tradicionales de Karate-do y Budo Japonés

Enciclopedia Shotokai de Karate

Shotokai, fundado por el Maestro Gichin Funakoshi • Karate-do Tradicional, Postura Natural y Sinceridad Espiritual

Archivos • 17 de julio de 2018
Archivo Enciclopedia Shotokai

Tomoji Miyamoto: El adulto ideal y una década consagrada al Maestro Egami

De un rebelde novato universitario al más devoto discípulo de Shigeru Egami y custodio del Shotokai tradicional

Publicación Continua Desde el 15 de Septiembre de 1995 Referencia: tomoji-miyamoto-el-adulto-ideal
Tomoji Miyamoto: El adulto ideal y una década consagrada al Maestro Egami

Maestro Tomoji (Tomotsugu) Miyamoto, 5.º Dan Shotokai, discípulo leal de Shigeru Egami.

En los anales del Karate-do Shotokai de posguerra, pocas figuras encarnan el puente entre la herencia clásica del Maestro Gichin Funakoshi y la audaz evolución técnica del Maestro Shigeru Egami con tanta fidelidad como el Maestro Tomotsugu (Tomoji) Miyamoto. Reconocido internacionalmente como instructor 5.º Dan del Hombu Dojo Shotokan, Profesor Emérito de la Universidad de Chuo y modelo técnico de la obra cumbre del Maestro Egami Karate-do: Más allá de la técnica (1976), la senda marcial de Miyamoto no fue fruto de una adhesión pasiva ni de la casualidad ordinaria.

Su historia se cimentó en un cruce insólito de destinos: un novato rebelde decidido a plantar cara a las novatadas universitarias, un cómico encuentro en unos baños termales de montaña, profundas tragedias personales que lo enfrentaron a la impermanencia de la vida y el firme juramento de consagrar la totalidad de sus veintes al bienestar y la visión de Shigeru Egami.


La prueba de fuego en la Universidad de Chuo (1965): Resistencia por desafío

Nacido en la prefectura de Tokushima en 1946, Tomoji Miyamoto poseía una constitución física robusta y un temperamento inquebrantable. Durante sus años de secundaria practicó brevemente Goju-ryu e incluso viajó a Ikebukuro (Tokio) para examinar el dojo de Masutatsu Oyama (Kyokushin). No obstante, el ambiente excesivamente competitivo y rígido no sintonizaba con su búsqueda interior.

En la primavera de 1965 ingresó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chuo e inmediatamente se inscribió en el club de karate. En aquella época, los clubes universitarios aplicaban un método de desgaste despiadado. Cada mes de abril se inscribían alrededor de cien estudiantes de primer año, pero el entrenamiento inicial estaba deliberadamente concebido para quebrantar voluntades y forzar renuncias en masa.

"El dojo era pequeño y no se podía entrenar adecuadamente con tantas personas", recordaba el Maestro Miyamoto. "Cuando daban la orden de adoptar la postura de jinete (kiba-dachi), nos obligaban a permanecer inmóviles durante una hora entera. Uno tras otro, los compañeros se desplomaban agotados. Los estudiantes mayores observaban fríamente y decían: 'Bien. Empecemos a entrenar de verdad cuando la mitad se haya marchado'".

Indignado ante la idea de que sus superiores creyeran que huía por falta de temple, el joven Miyamoto tomó una determinación desafiante. Decidió que no abandonaría hasta el campamento de verano (gasshuku). Allí, delante de los veteranos, declararía con la cabeza bien alta que semejante tortura física no fortalecía a nadie y que se marchaba por propia convicción. Anticipando que intentarían golpearlo por su atrevimiento, Miyamoto llegó a explorar de antemano el rincón donde los estudiantes de segundo año guardaban los sables de madera (bokken), decidido a abrirse paso por la fuerza si era necesario.


El encuentro en las aguas termales de Dewa Sanzan

Aquel campamento de verano se celebró en un albergue de un templo tradicional en las montañas sagradas de Dewa Sanzan, en la prefectura de Yamagata. La exigencia física fue implacable y el orden jerárquico no admitía concesiones. Cuando los agotados novatos por fin tenían permiso para acceder al baño termal común, apenas quedaba agua caliente; únicamente agua tibia y sucia con los restos dejados por los veteranos.

Al segundo día, mientras le correspondía el turno de cocina, Miyamoto descubrió un pequeño baño familiar privado en un ala posterior del templo. Esa misma noche, tras apagarse las luces y con todo el albergue sumido en el sueño, guardó una pequeña toalla de mano en el bolsillo y avanzó en silencio por los pasillos oscuros.

Sumergido en el agua limpia y caliente, estirando los brazos y las piernas, Miyamoto disfrutaba de su triunfo secreto. De pronto, resonaron pasos en el pasillo exterior. Entre el vapor de agua, la puerta se abrió y se escucharon voces. Se trataba de Hiroyuki Aoki, quien entonces rondaba los treinta años y cuidaba a Shigeru Egami como un asistente personal, acompañado por el mismísimo Maestro Egami.

Por aquel entonces, la salud del Maestro Egami estaba seriamente quebrantada a causa de sus intervenciones quirúrgicas y dolencias pulmonares, de modo que no podía sumergirse en el agua muy caliente. Aoki sentó al maestro en el área de lavado y comenzó a frotarle la espalda con delicadeza.

Aterrorizado ante la posibilidad de ser sorprendido solo en una estancia reservada, Miyamoto susurró una disculpa precipitada - "Disculpen, me retiro primero" -, cubrió su cuerpo y corrió al vestidor para cambiarse a toda prisa. Sin embargo, el Maestro Egami salió al vestidor casi de inmediato.

El Maestro Tomoji Miyamoto en postura profunda de kata El Maestro Tomoji Miyamoto en la plenitud de sus 30 años, demostrando el enraizamiento profundo y la extensión relajada de Shotokai durante el rodaje de katas en 16 mm.

Ambos vestían el clásico fundoshi japonés (taparrabos tradicional estilo Etchu). Al ver a aquel joven estudiante de pie ante él, el Maestro Egami comentó con serena sorpresa:

"¿Eres tan joven y ya usas un taparrabos Etchu?"

Intentando desesperadamente hacerse pasar por un huésped ajeno al campamento, Miyamoto respondió con un sonoro y respetuoso "¡Sí, señor!" y escapó a toda velocidad.


"Miyamoto, el del taparrabos" y el descubrimiento del adulto ideal

A la mañana siguiente se celebraba la presentación formal de los recién llegados. Los alumnos de primer año se congregaron en una estancia anexa para saludar a los instructores y antiguos alumnos de honor.

Miyamoto intentó ocultarse entre sus compañeros para que el maestro no reconociera su rostro. No obstante, el protocolo exigía que cada novato se pusiera de pie e hiciera su presentación individual. Cuando llegó su turno, Miyamoto dio un paso al frente, se inclinó con respeto y comenzó:

"Mi nombre es Tomotsugu Miyamoto, provengo de la prefectura de Tokushima. Entré al club de karate porque..."

Al otro lado del tatami, sentado con gran porte más allá de la hilera de veteranos, se encontraba el Maestro Egami. Mientras Miyamoto hablaba, las manos de Egami se movían rítmicamente sobre su regazo. Lo que los alumnos ignoraban era que Egami dominaba la taquigrafía (sokki) y tenía el hábito inconsciente de trazar signos taquigráficos en la palma de su mano mientras escuchaba o dialogaba.

En cuanto Miyamoto terminó su presentación, Egami alzó la mirada con una sonrisa afectuosa y exclamó para sí mismo:

"¡Ah, conque eres Miyamoto, el del taparrabos!"

Los estudiantes veteranos se miraron desconcertados, sin entender en absoluto el sentido de la frase, mientras Miyamoto sentía un sudor frío recorrer su frente. El maestro se echó a reír con bondad: "Así que te llamas Miyamoto".

Aquel simpático episodio rompió la barrera jerárquica y abrió las puertas a una cercanía entrañable. Más trascendente aún fue el mensaje que el Maestro Egami dirigió a los novatos al concluir la ceremonia:

"Algunos de ustedes tal vez tengan experiencia previa en karate; otros lo conocen por primera vez aquí en la universidad. Yo llevo cuarenta años dedicado al karate. Es posible que hayan venido con una idea preconcebida de lo que es esta disciplina y se sientan confundidos ante las diferencias con lo que practicamos aquí. Quizás piensen: 'Esto no es lo que yo quería'. Pero tras cuarenta años de búsqueda, siento que apenas ahora me estoy aproximando a la verdadera forma del karate.

Les pido que, tan solo durante estos cuatro años de universidad, se dejen engañar por este viejo. El karate no es algo que se pueda transmitir con palabras; es una verdad que solo se comprende viviéndola en el propio cuerpo".

Al escuchar aquellas palabras, Miyamoto observó con detenimiento a Shigeru Egami. Vio a un hombre de porte majestuoso, mirada limpia y serena nobleza humana. "Sentí que era un adulto cabal, hermoso de rostro y de mirada; encarnaba la imagen viva del ser humano que yo deseaba llegar a ser", recordaría Miyamoto décadas después. "En ese instante tomé la decisión: voy a dejarme engañar. Me quedo".

A partir de ese día, la dureza del entrenamiento dejó de ser una carga. Al finalizar el verano, presentado formalmente por su veterano Kengo Kunimitsu, comenzó a frecuentar la casa familiar de Egami, donde fue recibido como un hijo en cualquier momento.


Las tragedias de 1968: La impermanencia y el voto de los veintes

En 1968, cuando Miyamoto afrontaba su último año universitario, una sucesión de golpes personales devastadores desmoronó cualquier expectativa convencional.

En enero de 1968, su hermano menor, a quien amaba profundamente por su carácter generoso y solidario, se quitó la vida a los dieciocho años de edad. El trauma de reconocer el cuerpo de su hermano en la comisaría de policía marcó para siempre su sensibilidad.

Poco después, su sobrino, un niño de quinto año de primaria, enfermó de cáncer infantil y falleció rápidamente. Consumido por el dolor tras la muerte de su hijo, el padre de Miyamoto enfermó y murió poco después. En cuestión de meses, tres seres queridos desaparecieron de su existencia terrenal.

Para colmo, en la primavera de ese mismo año, Miyamoto sufrió una oclusión intestinal severa que requirió cirugía abdominal de urgencia, dejándolo convaleciente e incapaz de entrenar hasta bien entrado el otoño.

Frente al abismo de la muerte, Miyamoto experimentó una vívida revelación de mujo (la impermanencia universal):

"Ni los jóvenes ni los ancianos pueden predecir cuándo morirán. Antiguos alumnos de la universidad me ofrecieron puestos de trabajo directos en grandes empresas, sin necesidad de presentar exámenes. Pero yo sentía en lo más hondo que me quedaba poco tiempo de vida. Rechacé todas las ofertas. En lugar de eso, me sumergí en libros religiosos y filosóficos en la biblioteca, reflexionando sobre por qué vivimos y preparándome para el momento final".

Miyamoto alternaba sus días entre el estudio solitario y la práctica reflexiva en el dojo de Chuo. Al enterarse de su situación, Motonobu Hirose, directivo de Shotokai, le propuso una alternativa:

"Sé que no estás buscando trabajo y que dedicas tu tiempo a leer y entrenar. Si es así, ¿por qué no vienes a trabajar en la oficina central de la recién fundada Nihon Karate-do Shotokai?"

En esa misma época, el Maestro Egami le había confiado en la intimidad de su hogar su deseo más ardiente: "Quiero reconstruir el Shotokan antes de morir".

Para Miyamoto no hubo vacilación alguna. "Por encima de todo, amaba y veneraba al Maestro Egami", testimoniaba conmovido. "Si mi esfuerzo podía hacerle feliz y contribuir a su sueño, lo tuve claro: consagraré la totalidad de mis veintes al Maestro Egami".


Aprendiz del Maestro: Diálogos nocturnos y el espejo de Egami

Como asistente y gestor en la sede de Shotokai, Miyamoto se convirtió en el acompañante habitual, chófer y apoyo diario del maestro. Quienes interpretaban la astrología oriental tradicional (Cuatro Pilares del Destino) comentaban que Egami poseía la "estrella del emperador": una presencia carismática natural que atraía de modo magnético a intelectuales, artistas y ciudadanos comunes.

Durante los campamentos, Egami solía mantener tertulias con sus allegados hasta las dos o tres de la madrugada. Como director del entrenamiento, Miyamoto debía masajear la espalda del maestro, velar su descanso y levantarse a las cinco de la mañana para dirigir la práctica del alba.

El Maestro Shigeru Egami y Tomoji Miyamoto El Maestro Shigeru Egami junto a su discípulo cercano Tomoji Miyamoto durante las investigaciones técnicas en la década de 1970.

En cierta ocasión, tras pasar toda la noche atendiendo a Egami sin dormir ni un minuto, Miyamoto llegó al dojo y encontró a los estudiantes sentados en seiza cabeceando de sueño. Lleno de ira, les impuso un entrenamiento feroz. Luego subió a la habitación del maestro y le informó: "Los estudiantes de hoy son lamentables; no tienen espíritu".

El Maestro Egami lo miró con calma y sonrió:

"Ellos estaban reflejando tu propio estado interior, Miyamoto. El que tenía más sueño en el dojo eras tú. Lo que llevabas dentro resonó de inmediato en ellos".

La lección transformó el entendimiento pedagógico de Miyamoto. El maestro no instruía mediante dogmas abstractos; utilizaba el dojo como un espejo límpido de la conciencia humana.


Maestría en el Budo: Iaido, Tai Chi y Educación Física Oriental

La devoción juvenil de Miyamoto sentó las bases de una trayectoria marcial y académica extraordinaria. En 1976, cuando el Maestro Egami publicó su obra cumbre Karate-do: Más allá de la técnica, Tomoji Miyamoto fue el modelo elegido para ejecutar todas las técnicas fotográficas, plasmando con nitidez las posturas bajas, los desvíos suaves y los golpes penetrantes de Shotokai.

Consciente de que las enseñanzas de Egami descansaban en principios universales de la biomecánica y la energía oriental, Miyamoto amplió sus horizontes:

  • Iaido (Esgrima japonesa): Estudió Muso Jikiden Eishin-ryu Iaido bajo la tutela del Maestro Hisao Takeshima (Daiun), 20.º Gran Maestro del linaje Tosa Eishin-ryu, asimilando la precisión, la intención marcial (seme) y el dominio del espacio (maai).
  • Tai Chi Chuan estilo Wu: Se convirtió en discípulo directo del Maestro Ma Changxun, depositario de la 5.ª generación del Tai Chi tradicional estilo Wu, profundizando en la fuerza interna (jin), la disolución de fuerzas contrarias (hua) y la relajación estructural.
  • Docencia universitaria e investigación: Desarrolló una dilatada carrera docente en la Universidad de Chuo como Catedrático y Director del Instituto de Salud y Educación Física, además de desempeñarse como profesor visitante en la prestigiosa Universidad de Tsinghua en Pekín.

En la actualidad, al frente del Dojo Miyamoto de Karate Yuten y como alto directivo de asociaciones de salud y artes marciales tradicionales de Japón, el Maestro Tomoji Miyamoto custodia el legado de Shigeru Egami no como una reliquia inerte, sino como un arte vivo de autorrealización y armonía.


Referencias y fuentes de archivo

Artículo elaborado a partir de las declaraciones históricas del Maestro Tomoji Miyamoto:

  • Fuente principal: Entrevista histórica "Mi maestro, Shigeru Egami" (Parte 1: El adulto ideal, 17 de julio de 2018; Parte 2: El significado de 'un punto de partida', 1 de agosto de 2018).
  • Publicación: Departamento Editorial Co2 / Kotsu (ko2.tokyo), Tokio, Japón.
  • Motivo editorial: Conmemoración de la publicación del texto monográfico y DVD de archivo Karate-do Kata Textbook de Shigeru Egami (11 de julio de 2018).
  • Participantes: Testimonio de Tomotsugu (Tomoji) Miyamoto; colaboración de Ken Egami.
  • Contexto adicional de archivo: Chiyoko Egami, Kimikagesō (Memorias de la casa de Egami, Tokio, 1985); Shigeru Egami, The Way of Karate: Beyond Technique (Kodansha International, 1976).