El Hogar en Magome: Vida con el Maestro Shigeru Egami
La vida en Magome, las dificultades de la posguerra y la dedicación del Maestro Egami a sus alumnos
Uno de los aspectos más conmovedores de Kimikagesō es la distancia entre Shigeru Egami en su hogar y Shigeru Egami en el dojo. En los asuntos domésticos cotidianos, Egami se mostraba completamente distante. Ante las cuentas pendientes, la falta de dinero para la comida o las dificultades familiares, respondía con un sereno "No he oído nada de eso" o "Se me olvidó" (Capítulo 66).
Ante la desesperación de Chiyoko, esquivaba las decisiones con un seco "Arréglatelas tú misma", dejándola sola frente a la tarea titánica de alimentar y criar a sus tres hijos en los precarios años de la posguerra japonesa. Cuando Chiyoko sufrió fiebres altas durante su primer embarazo, Egami la dejó en la puerta del hospital y se marchó a su oficina, hasta que un médico enfurecido lo llamó por teléfono para reprenderlo severamente por haber abandonado a su esposa.
Pero en el momento exacto en que un estudiante de karate llamaba a la puerta de su modesta casa en Magome (Ota-ku, Tokio), ese hombre cansado y desentendido desaparecía. Su postura se enderezaba, sus ojos cobraban un brillo penetrante y su memoria regresaba intacta. Podía sentarse sobre el tatami hasta las dos o tres de la madrugada, explicando el movimiento de la muñeca, corrigiendo la cadera y recordando historias de los viejos maestros con una paciencia infinita.
Chiyoko Egami (1920-1991)
Autora de las memorias Kimikagesō. Casada con Shigeru Egami en 1941 mediante matrimonio concertado, sostuvo durante cuatro décadas un hogar que sirvió de refugio y punto de encuentro para cientos de practicantes de Shotokai de todo el mundo.
Registro Oficial • Biblioteca Nacional de la Dieta (NDL), Tokio.
Acoger a los Discípulos: La Familia Extendida
Egami se negó de forma tajante a convertir el karate en un negocio o en un espectáculo remunerado. Nunca cobró honorarios de escuela comercial ni aceptó patrocinios que comprometieran la pureza de su búsqueda. Como consecuencia, la carga económica recayó íntegramente sobre Chiyoko.
A pesar de la escasez, su casa en Magome acogió como a hijos propios a discípulos destacados. Varios practicantes vivieron en el hogar de los Egami en calidad de uchideshi (discípulos internos), entre ellos Hiroyuki Aoki durante su etapa universitaria, y posteriormente Isao Ariga y Masayuki Nakano, quienes residieron en la casa durante los últimos cinco años de vida de Egami (permaneciendo Nakano cinco años adicionales tras el fallecimiento del maestro). Otros jóvenes devotos, como el capitán de la Universidad de Chuo Yoshinori Takita, Tomoji Miyamoto, Fumito Sugimoto y un joven Atsuo Hiruma, encontraban siempre en Chiyoko una presencia acogedora que preparaba té, lavaba karategis y escuchaba sus inquietudes.
Kimikagesō revela que el karate de Shotokai no fue únicamente una técnica nacida en el dojo, sino una obra comunitaria forjada gracias a la paciencia, la generosidad y el silencio de una mujer extraordinaria.
El Maestro Shigeru Egami y Chiyoko Egami: Recepción Oficial
Excepcional fotografía de archivo que documenta al Maestro Shigeru Egami en haori formal oscuro junto a Chiyoko Egami con kimono tradicional de seda en un acto oficial de budo. Mientras el Maestro Egami guiaba la dirección técnica y espiritual de Shotokai, Chiyoko sostenía el santuario cotidiano en Magome que acogió a generaciones enteras de practicantes de Japón y del extranjero.
Colección de Archivo Kimikagesō • Tokio, Japón.